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martes, 28 de abril de 2009

Maserati Quattroporte Sport GT S


El gran éxito del Maserati Quattroporte durante estos últimos años ha sido saber encontrar un nicho de mercado en el que prácticamente no ha tenido competencia. Al exquisito diseño italiano, firmado por Pininfarina, se une un tacto deportivo poco habitual en estos lujosos automóviles y, todo ello, sin renunciar a otros aspectos como el espacio, la comodidad o una terminación impecable.
Es cierto que hay berlinas con un perfil similar que ofrecen prestaciones sensiblemente superiores y también encontramos otros automóviles que mejoran el confort y la amplitud del Maserati. Sin embargo, el Quattroporte resume todas esas cualidades con una nota alta y transmite una sensación de exclusividad que lo diferencia claramente de sus rivales… por el momento.

Y es que, a partir de los próximos meses, su hegemonía se puede ver comprometida con la llegada de dos nuevos modelos que le van a plantar cara de forma directa: el Porsche Panamera y el Aston Martin Rapide.

Para mantener vivo su producto, Maserati acaba de lanzar una nueva versión del Quattroporte, el Sport GT S, que se coloca al frente de la gama por potencia y dinamismo a base de pequeños matices.
Su signo más distintivo en el exterior es la parrilla negra con barras verticales cóncavas que, junto a las carcasas oscurecidas de los faros, dan un aspecto más agresivo al vehículo. Los cambios estéticos se completan con unas llantas de 20 pulgadas de diámetro y dos grandes salidas de escape ovaladas en la parte posterior, una a cada lado.

Tampoco en el interior se aprecia una transformación rotunda y las mejoras están centradas en unos asientos que combinan el cuero con el Alcántara (muy confortables y envolventes para sujetar el cuerpo en curvas), así como en pequeños detalles de acabado utilizando un material denominado Titantex, que imita a la fibra de carbono. La imagen de deportividad se redondea con un volante forrado en Alcántara y unas levas de mayor tamaño para el cambio que facilitan su manejo.

Desde el punto de vista técnico, la evolución no pasa de sutiles retoques. Ahora, el motor V8 de 4.7 litros alcanza los 440 caballos de potencia, sólo 10 más que en el modelo existente, gracias a un sistema de escape transformado que puede trabajar de dos maneras distintas.

En el modo «normal» los gases circulan por un recorrido más largo que les hace perder energía y mantiene el ruido en niveles bajos, pero cuando apretamos la tecla «Sport» del salpicadero, se abren unas válvulas neumáticas que permiten una ruta más directa hacia el exterior y proporcionan un sonido rotundo.

En cuanto a la suspensión, se recurre a unos amortiguadores de tarado fijo en lugar de al sistema Skyhook de dureza variable, y los muelles incrementan su rigidez un 30% en el eje delantero y un 10% en el trasero. Además, la altura de la carrocería al suelo se acorta en 15 milímetros en el frontal y en 11 en la parte posterior.

Con todos estos ajustes aumenta sensiblemente la agilidad del vehículo, la tracción a la salida de las curvas y el tacto de la dirección. Aunque, insistimos, son apenas matices inapreciables para un conductor normal que, trasladados a la pista de pruebas de Ferrari, en Fiorano, suponen bajar un segundo el tiempo de la vuelta respecto al Quattroporte S.

La evolución del Sport GT S se completa con la caja de cambios automática de seis velocidades, donde la gestión electrónica se ha calibrado para una respuesta más deportiva en el modo «sport». El resultado es sorprendente: en la posición de funcionamiento normal la transmisión automática actúa con mucha suavidad y el confort es la nota dominante, pero al pulsar el botón «sport» el coche cambia de personalidad.

El sonido del motor se hace más ronco, las órdenes del acelerador se transmiten de forma más inmediata y los cambios de marcha se suceden a velocidad de vértigo, acompañados en el caso de las reducciones de un golpe de gas para ayudar a una retención más eficaz.


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